TENGO MIEDO Y ADEMAS, ESTOY HARTO

Escribo con miedo. Porque yo si tengo miedo a lo que pueda pasar en Cataluña. Y no tengo miedo a la policía, ni a la invasión de ningún ejército, ni temo que un ataque terrorista me afecte. Tengo miedo a que mis palabras puedan molestar a mis amigos, a mis vecinos, a mi familia. Me produce pánico pensar que en un momento, puedan escaparse sus palabras y que estas también, puedan molestarme a mí. Me autocensuro casi cada día y noto que los demás, ejercen la misma prudencia. A todos nos obligan a menudo a practicar la moderación. La contención. Pero no nos conceden tregua, no nos permiten relajarnos, nos exigen que nos pronunciemos a cada momento. Es por esto que de entrada al exponer mi opinión, presento mi intención de liberarme y que solo es eso, una opinión que dejo ir cuando la tensión la llevamos a flor de piel y las palabras se expresan o se interpretan, desde la pasión sin analizar cuanto hay de razón en ellas. Porque tengo la impresión que todos estamos secuestrados; secuestradas las personas, los partidos políticos, los sindicatos.

Confieso que he sentido rabia y envidia al ver la pasión con la que se ha salido a la calle a defender lo que se ha defendido. Claro que me habría agradado ver tanta gente defendiendo los derechos que en este largo periodo de crisis, el PP nos ha arrebatado. Siento añoranza de ese 15M que desbordó lo establecido, para gritar que esa política no nos representaba y me pregunto que ha pasado para que ahora ya no hablemos de eso y que sin embargo, tengan los que la tienen, esa capacidad para reivindicar derechos “nacionales”, olvidando que no son las naciones quienes tienen derechos, sino las personas que las componen. He sentido pena de que mi sindicato, al que le han atacado desde todos los frentes, en algún momento se haya visto arrastrado por el ímpetu de los que para ellos la independencia es lo más importante. Lamento que no sepamos ver que los que han impulsado el procés, son tan culpables como el PP en este desbarajuste que ha ocultado todos los latrocinios que en España y en Cataluña, ha habido. Siento ahora también que a muchos, ya nadie nos representa y que además no nos está permitido manifestarlo.

Me entristece ver con que facilidad se utiliza la palabra fascista y se compara con los tiempos franquistas sin ningún pudor. Me alegra que muchos jóvenes defiendan la democracia, pero me insultan e insultan a todos los que padecimos la cárcel, el despido y la represión en un primer grado, al asimilar el presente con un pasado muy triste, muy oscuro y me duele que Coscubiela, se vea insultado en las calles por unos imberbes que se sienten héroes de papel en la revolución de la señorita pepis. Se tiene que ser muy imbécil para acusar de fascista a Coscubiela, pero se tiene que ser más descerebrado, para que cualquier president, pueda pasar de héroe a traidor en unos segundos y no estar loco

Cuando estamos en el final de un año en el que las pensiones volverán a perder poder adquisitivo, de nada sirve que haya habido una marcha a Madrid reivindicando la reposición del IPC. Nadie más allá de los asistentes se ha enterado, estábamos muy ocupados hablando de puigdemont y de Rajoy. Porque sí, Rajoy es muy malo, pero para él, el procés es una ayuda inestimable y para nosotros un lastre. Mis compañeros, mis amigos, mi familia, mi partido, mi sindicato y toda España, pierden el sentido tomando posición por el dichoso procés. Procés por el que la imaginación se ha visto superada por la realidad y los actores del mismo, parecen actores huidos de una película de Berlanga, la escopeta catalana sería un buen título.

Un año más los pensionistas perdemos y parece no importarle a nadie, pero tengo miedo por la convivencia y estoy harto

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